6.05.2025

A-Flote

 (originalmente publicado en Instagram: @epitelial)

Transitar un paisaje marino es enfrentarse a una superficie inmensa con grandes momentos de soledad, con el objetivo de llegar al siguiente puerto, que podría leerse como aquellas metas que se deben cumplir mientras se navega en la vida. Mantenerse a-flote siempre será primordial, aunque los niveles de empuje del agua y las densidades del cuerpo (junto con su cargas) vayan cambiando entre un puerto y otro. 

Más allá del principio de Arquímedes (y de los estudios de hidrostática), la realidad está en el acto de es(t)e pesado cuerpo que logra posarse sobre aquel fluido y mantenerse sobre la superficie, sin hundirse completamente. Es estar en un intermedio dentro de ese paisaje marino que se haya tan cercano, tan doméstico. No solo son las densidades, quizá sea más la procedencia del ser. El soporte que sucede por el transitar en ese vaivén de la marea, así como sus ondas traen a la memoria los vibratos de la música: de aquel punteo típico de una guitarra champetúa. O de aquel resplandor cegador de los rayos del sol que se reflejan en el mar, como los tizones donde escuece el fuego para cocinar una fritura. Los momentos y los recuerdos, y algunas otras cosas que mantienen esa fuerza de empuje, que (te) mantienen a-flote.

foto: @epitelial 

12.21.2021

Jordan también juega fútbol

Aunque era un día común de la semana, el momento parecía festivo. La algarabía la ponían los niños y algunos jóvenes que se entremezclaban con distintos “partidos” de balompié en simultáneo, sin casi interrumpirse entre ellos. Adicionalmente, un picó* lejano (que estaría a unos cien metros entre los laberínticos pasillos del pequeño poblado) ambientaba con buena música de descarga**, de aquella que aún sigue siendo parte de la identidad caribe. 

Entre un pase y otro del balón, el grupo más numeroso de niños corría de un extremo al otro de ese espacio, donde habían unas improvisadas porterías organizadas con cajas de cervezas. Podría parecer que aquel juego de los niños lo auspiciaba la fábrica cervecera, así como en las grandes competencias o ligas del deporte. Era una parodia ver cómo un elemento de adultos, con la etiqueta de “el exceso de alcohol es perjudicial para la salud” le daba sentido al “lugar de juego”, pero que en realidad, era un espacio que adoptaba su carácter o quizá denominación, a partir de las actividades que se realizaban en el, y por ende, los elementos que allí se disponían con sus variadas posibilidades de configuración.

Mientras veía la escena que más adelante se fotografió, pensaba en la distancia que existe dentro de las diferentes realidades que vive la gente, que sean conscientes o no, crean un inmenso crisol de formas para avanzar sobre las circunstancias. Algunos lo llamarán resiliencia, pero tenga el término específico o de moda que tenga, la búsqueda está en aquellos factores que, aun en la vileza (o situación dura), se sobrepasan, se adaptan o se acomodan… y aunque pueda ser fútil esta reflexión, los impactos que llevan a aproximarse a conocer y tratar de comprender estas realidades, marca una diferencia en la manera de hallar las posibilidades de mejorarlas o cambiarlas.

Los juegos avanzaban, en sentido plural por los grupos que se divertían en paralelo, y empezó a destacarse en uno de estos partidos un niño con una camiseta de baloncesto. Con gran claridad se veía marcado en su espalda el número 23 y por encima la palabra “Jordan”; de ahí surgieron algunas cuestiones, sólo para establecer un marco de realidad. Me preguntaba qué tanta cercanía tendrán estos chicos con el deporte del baloncesto, si en ese escueto espacio, que tomaba distintas denominaciones, no había un tablero con un aro para la práctica del juego. Por otro lado, y más enfocado en esta camiseta, pensé: ¿conocerán a los Chicago Bulls?. Probablemente sí, y a la vez me dije: ¿cómo un niño que juega fútbol se interesa por llevar una camiseta del basquetbolista más famoso de los años 90 (y de la historia del baloncesto)?, ¿o será que la lleva puesta porque fue la alternativa del momento?.

No es desconocido que el balompié es el deporte más practicado en el mundo y se debe a que con una simple pelota y alguna abertura que se designe como portería se puede jugar, así como lo hacían en aquel escenario convertido en campo de juego. El poder que hace predominar este deporte, en estas circunstancias y contexto, logra que otras disciplinas parezcan diluirse, tanto así que los niños al convidar “a jugar”, ya saben casi por defecto qué jugarán. Y cuando se menciona la palabra “cancha”, entonces el imaginario conecta con un espacio para el balompié.

Difícilmente habría este espacio al aire libre en un desarrollo informal, sin embargo, este patio de juego resultaba ser una reserva dentro de ese intento de trama urbana, en un asentamiento poblado a la deriva y en la deriva. ¿La comunidad habrá conservado ese espacio adrede?.

Algo cierto es que la ausencia de alternativas no da oportunidades para ampliar la perspectiva, frustra en gran medida que surjan y se potencialicen capacidades o el talento que viene desde el nacimiento y que requiere explotarse. Creo que el crecimiento de una sociedad va en función a las posibilidades para conocer, para experimentar, para colaborar. Tal vez un aspecto que constriñe esto está ligado a la nula infraestructura, que aparte de ser una construcción física, es también una oportunidad de empezar a desarrollar habilidades.

Este niño representa, para mí, uno de los muchos casos en nuestro territorio que se recrea, de manera audaz, con cualquier elemento que se consigue en su entorno y lo amolda a su objetivo. Con todas las vicisitudes que existen en su forma de vivir y, aún más, en su modo de habitar, estas comunidades resisten y se sobreponen a las circunstancias para poder seguir andando, creciendo en donde las alternativas para el esparcimiento de su tiempo libre se reducen a una solución escueta que coarta el desarrollo.

A pesar de que se llegue a pensar que la creatividad se desborda cuando se es recursivo con las situaciones, es más una mezquindad para la comunidad, para todos y para ese infante que lleva una camiseta de baloncesto para jugar fútbol, que quizá no tenga otro deporte que practicar, que no tiene, realmente, una cancha para su recreación, empero tenga todas la ganas de divertirse entre esos múltiples juegos, porque no hay más espacio donde hacerlo.

Foto: Mauricio Torres-Nuñez


*Picó: término que se refiere a una máquina de sonido en el contexto del Caribe. Popular para colocar música salsa, africana(soukous, lingala,etc.), antillana, champeta, entre otras derivaciones.

**Música de descarga: atribuida a la denominada Salsa brava o dura, las descargas son piezas musicales en donde los músicos tienen un momento de improvisación donde “descargan” todo su talento y creatividad.

5.14.2020

Doblar por la bifurcación sin detenerse "en tiempos de hastío"

Por: Mauricio Torres-Núñez

Hace algunos años se publicó un artículo en una revista de arquitectura titulado “En tiempos de hastío”[1], haciendo referencia a cierta producción distinta en esta disciplina, que empezaba a darse en momentos donde había un estancamiento creativo y expectación hacia una transformación importante que sacudiera ese status quo. Relata el autor que, dentro de aquella espera, embargaba un ambiente de gran incertidumbre (y agotamiento)  sobre cuál sería o hacia dónde conduciría ese cambio, acudiendo a la intriga y al desdén que ponen de manifiesto el cansancio que produce el aletargarse a la dinámica constante del mundo. 

Hago referencia e incluso parafraseo aquel mismo título en el encabezado de este artículo, para colocarlo dentro de este momento actual en nuestro contexto local cartagenero, en donde se ha venido “magullando” las distintas formas de desarrollo y crecimiento que puede tener un territorio con gran riqueza en el paisaje cultural, debido a falta de visión de los dirigentes, falta de apropiación social, malas prácticas con el ecosistema, especulaciones inmobiliarias, egoísmos, entre otros. Así, el tiempo ha transcurrido sobre el territorio fragmentándolo tanto en lo físico como en sus aspectos intangibles, de igual manera ha contribuido al abandono de la ciudad (o la percepción de ello) en los escenarios más deprimidos, hasta en sus zonas más visibles o visitadas.

El panorama que se ve en la ciudad (lo digo en tiempo presente y en curso) es el hastío. Desde hace unos años se han puesto las barajas electorales en gobernantes que su discurso bandera era el cambio y la gente (o el pueblo), la ciudadanía le apostó reiteradamente a esa vuelta de la página que por un lado nunca llegó, y al contrario, se presenta mermada a la velocidad de progreso en otras ciudades, por ende, también del mundo. Empero, y teniendo en cuenta los resultados de las últimas elecciones, el pueblo nuevamente le ha apostado a ese tan anhelado cambio de rumbo en las prácticas e implementaciones del desarrollo de la ciudad; un reto indiscutiblemente grande, que requiere modificaciones en los distintos aspectos que componen la ciudad y que tiene su germen en la ciudadanía.

Las diversas necesidades que al día de hoy presenta la ciudad es, fundamentalmente, una deuda histórica que los gobernantes, funcionarios y, sin ser menos, la misma ciudadanía le debe a este territorio prodigioso e ínclito en donde habitamos. Aunque la característica recurrente en los últimos gobiernos han sido la deficiente y nula gobernabilidad, la pérdida de la institucionalidad y las malas prácticas -permeadas hasta el corazón de algunos hogares en las personas del común-, la dificultad más álgida que ataca a nuestra ciudad incidiendo en índices negativos ha sido el bajo sentido de pertenencia, tanto de los propios, de los visitantes y de quienes vienen a quedarse. Sin embargo, no todo es negativo.

Nosotros como ciudadanos debemos tener claro que la construcción de la ciudad no puede ser desequilibrada y menos destructiva con los recursos más vitales y el ecosistema. Se debe tener en cuenta que la ocupación del espacio de formas irregulares son acciones que, principalmente, atentan contra la vitalidad del medio ambiente y que se traslapan con otros conflictos de múltiples dimensiones, que en ocasiones llegan a ser más opresores sobre el territorio generando discriminaciones e ignominias: constricciones a merced de cuestionables comportamientos que han instaurado prácticas cambiando el imaginario de muchas personas. Estas zonas irregulares llegan a ser alrededor de los ¾ de los asentamientos en la ciudad, superan la capacidad del espacio fatigándolo, a pesar de ello existen y están habitados. Con ese ideal, que es también anhelo, de regularizar, de recuperar, de restaurar, de cambiar aquellos aspectos que venimos arrastrando desde años, aparece el hastío.

El hastío que ve su reflejo en las esperas por la actualización del Plan de Ordenamiento Territorial (POT), en el PEMP, en la recuperación de los caños, en el saneamiento de zonas degradadas por la contaminación, entre otras que están allí a la espera de resolverse; por otro lado, ese hastío que tiene a la ciudadanía en un estado, quizá, esperanzador ante el sofisma que alguna de estas formas de normatización van a darle un giro a la ciudad solo por entrar en vigencia, aunque en la actualidad ellas sean permisivas, en ciertas ocasiones siendo partícipes también. Es claro que muchos ciudadanos quieren un cambio (no me consta que todos realmente lo anhelen), sin embargo esta pretensión tiene unos requisitos para iniciar -sin resultados inmediatos-, en distintos sacrificios de los ciudadanos. Me refiero aquí, estrictamente, a “tomar partido” activamente para propiciar la atmósfera que nos conduzca a una mejor ciudad, a un bienestar de la sociedad. Si bien lo anterior, surge la pregunta ¿qué tanto estamos dispuestos a hacer posibles (los) cambios?, tanto en lo individual como en lo colectivo. (Para responder interiormente y empezar el debate propositivo).

En algunas teorías de evolución y en los planteamientos sobre la innovación dicen que los momentos de crisis es donde surgen las transformaciones importantes; veníamos cargando una crisis local, ahora se nos suma otra global, está última con grandes implicaciones sobre la conciencia del autocuidado, cuya importancia (espero) pueda darnos luces sobre el cuidado de nuestros vecinos y de nuestro entorno. Que el momento nos permita alinearnos, en la diversidad y la complejidad, como ciudadanía hacia un objetivo en común. Ahora estamos inundados de la espera, ese hastío que nos deberá llevar por el rumbo de nuevas sendas, sin detenernos.

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[1] En tiempos de hastío. Observaciones sobre la arquitectura de Zaha Hadid. NÄGELI, Walter. En revista El Croquis Nº102. Zaha Hadid.

11.28.2013

Gastronomía Arquitectónica: un escrito sobre como vinculo a la Arquitectura con la comida.



La comida y el vino me inspiran, principalmente cuando se piensa/habla sobre arquitectura. Los sabores que se van mezclando, brindan sensaciones que hace viajar de un sitio a otro. Es un recorrido por un mundo distinto -poco terrenal, más espiritual-. Aun así, la experiencia de recorrer un espacio- en arquitectura- se puede enlazar con una sensación del gusto cuando te sorprende, cuando te produce emociones, en ocasiones que desconocías, cuando te da placer o, tan sencillamente, cuando te hace experimentar.

Aunque los ejemplos llegan a ser diversos y múltiples, este post solo hablará de dos edificaciones, que también son dos culturas, dos épocas, dos experiencias, seleccionadas por considerase unos ejemplos contundentes (o por simple capricho); son de esas apariciones que te mueven con gran vehemencia proporcionando cambios, pensamientos, preguntas y más preguntas. 

Empezaré en el Caribe colombiano, donde se ubica una construcción aunque de varias centenas, tiene gran "presentidad" -como diría en sus términos  P. Eisenman-. Y hago referencia a este término porque hay algo especial en la espacialidad de esta, en su morfología, en cómo se resuelve toda la construcción sobre el terreno. Cabe anotar que esta es una edificación construida con la finalidad de defender a la ciudad, es decir, es una de las fortificaciones que se alzaron en Cartagena de Indias a lo largo de sus días de colonia. Dicho esto, me refiero al castillo de San Felipe de Barajas.

Existe algo en dicha fortificación, sin alejarse de lo místico y mágico, que lo vuelve especial. Desde su composición, la cual se asienta de manera más o menos espiralada, sobre el cerro de San Lázaro y sobre todo, la disposición que fue estableciendo en la medida que fue necesario crecer para mejorar la protección de los ataques hostiles. El castillo en su totalidad está compuesto por 7 baterías (Santa Bárbara, San Carlos y los apóstoles, Hornabeque, de La Cruz, de La Redención, San Lázaro y el castellano de San Felipe de Barajas). Accediéndose  por medio de una rampa, y a lo largo de su recorrido hay rampas, explanadas y una que otra escalerilla; en su interior, el recorrido llega a ser fascinante cada vez que uno lo atraviesa por los túneles que interconectan un espacio con otro: no hay certeza si se llegará al lado, abajo, arriba o al frente,  todo se encierra en una experiencia en donde siempre aparecen sorpresas. 

Saliéndonos de Cartagena y volando hacia el sur del continente, llegué a Buenos Aires. Ciudad en donde se hicieron múltiples visitas, algunas un poco a la deriva o sin una línea conductora para visitar sitios; fue solo recorrido y encuentro. Así es como, cuando estuve merodeando las calles de la Capital Argentina, girando en una esquina me encontré con aquel exosqueleto del edificio del Banco hipotecario central (Clorindo Testa); una construcción que no pasa desapercibida, sin tener ínfulas protagónicas. Estar afuera observándolo es ver una especie de animal que encubre algo bajo su superficie, y de igual manera, como tomar un bocado de comida que tiene un aspecto y va cambiando a medida que se diluye dentro de la boca. Sabor inicial, sabor final: un dentro y un afuera quizá; en la mitad trayectos, recorridos e instantes. (Fascinación y placer).

No es algo nuevo lo que algunos autores dicen acerca de que se puede conocer una cultura a través de la gastronomía, entre otros aspectos culturales como la música, la danza, etc. Por eso es importante probar esos sabores típicos de una región, o que han sido adoptados como propios dentro de un territorio determinado. Estos definen identidad, algunos enmarcan hechos históricos, momentos destacados, leyendas urbanas y recuerdos tan personales que se vuelven rituales para días específicos.

Explorar un espacio, frecuentemente lo he comparado con la experimentación de sensaciones con otros sentidos. Es así como, en publicaciones anteriores, se escribió sobre la conexiones entre los olores y los momentos; inspiraciones a partir de la música, entre otras. 
Inevitablemente, es una relación intrínseca y reciproca entre estas condiciones y emisiones: percepciones. No solo para el devenir, es también para el surgimiento de ideas, de vínculos, de caminos, de alternativas… (Y porqué no, de amores).

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…”Había un sabor escondido o que aparecía hacia el final, luego de haber experimentado una textura y sabor inicial. El vínculo entre  aquellos langostinos recubiertos en ajonjolí y con un toque de salsa de maracuyá, acompañados con espiralados chips de plátano verde se empezaban a disfrutar desde que los ojos percibían el aroma de la tierra, de la cultura. Con esos sabores exóticos símil de sus paisajes con olor a salitre y un mar que se pega con un cielo de múltiples colores, desdibujan las aun vivas casas de madera, antillanas- herencia de los colonos europeos, pero con el toque de sabor de nuestros ancestros africanos”…

…”Al principio no pude distinguir el contenido del plato. Pequeñas piezas cuadradas abultadas en su parte central se enfrentaban en un lago espeso color rojizo; montadas una sobre otra de manera irregular mostraban un afán por salir a la superficie, o por ser el primer bocado. Podía ver como el olor brotaba de ellos, elevándose y difuminándose en el cielo celeste límpido de cúmulos. Su textura no expresó mucho su contenido interior, que al abrirse descargó todo aquel impacto que tenía reprimido. Instantáneamente, se inundó con el lago espeso dándole tonalidades al sabor, gradientes del gusto…”




fotos: Mao.



8.21.2013

Surcos (I)



fragmento
 


Sucumbía lentamente sobre la hora que latía.
Girando sobre mí,
Como dando saltos,
Inestables, llegaron los deseos
Al lugar inoperante.
Los cuerpos extasiados
Se hinchaban de pasión.
Luego dibujaban figuras sobre ellas
Desvelando el sentimiento.
El sudor los empapo
Mientras sutilmente gemían
Inundando el espacio de un fuego
esparcible y furtivo.
Así la hora siguió su andar, irremediable.
Los niveles descendieron
Y los deseos,
que en su momento se habían cambiado por otros roces,
Volvieron a protagonizar la escena
Apaciguando el calor que bordeaba el lugar (...)

6.07.2011

Regresando...

A pesar de que no se deja de pensar... a veces, inútilmente, se deja de escribir.
Y, ¿qué hay del pensamiento sin escritura?
Pero, ¿qué de la escritura sin pensamiento?
Los últimos meses -que se convirtieron en años- se pensó y se escribió de una manera distinta. (Se llegó a sentir y a amar celosamente y con desconfianza).
En los últimos meses, el pensamiento se construyó sobre nuevas lecturas, nuevas experiencias y nuevos viajes, que moldearon la arquitectura. No llegó a ser un nuevo entender la disciplina, más bien, ha sido una nueva ruta dentro del mundo de ella.
Algunos lo llamarán maduración, otros adaptación y quizá haya muchos más nombres de los que caben en esta entrada. Lo claro es que cuando pasa el tiempo uno va convirtiéndose en varios, pero no en otros -que es distinto-; uno sobre uno, un poco a la manera que describe Deleuze y Guattari en Rizoma, volviéndose un nuevo uno o en un ser distinto.
El pensamiento puede crecer o estancarse. Asimismo, la escritura puede ser más exquisita con su maduración, aunque puede reducirse a simples endémicas argucias.
Después de varios meses, epiteliaL esta regresando sobre estas líneas. Con la intensión de "volver a hacer"; porque siempre es necesario escribir, con pensamiento, claro. Retomando cosas del pasado, alimentándose con el presente influyente para seguir construyendo (o quizá para refugiarse).

6.30.2009

Huele a...

Hay olores que marcan una pregnancia de lugares, de personas, de instantes. Esos olores, en ocasiones, te transportan hacia ‘eventos pasados, como si fueran el presente’. Pueden llegar a transformarte y a comparar experiencias anteriores con las nuevas, así como alucinar con inexperiencias.


El olfato junto al sentido del gusto, comparten escenarios: recuerdas aquel sabor de su olor; recuerdas aquella mujer que te besó. Es un sentido que se liga a aspectos de acercamiento (aceptación) ó repulsión; llega a ser odio ó amor. Es lujuria y castidad. Así me he encontrado con estas conexiones del olor en las ciudades ó lugares que he visitado cortamente. Ahora en una ciudad extraña (extranjera) la revelación de algunos escenarios se manifiesta cada vez que respiro, incluso, aumentan ese catalogo de la ‘serie olores’ que reposa en mi memoria. Ahí es cuando se desvirtúa lo visual ante lo imaginario, en el momento en donde poco vale lo que ves y todo se vuelca hacía lo que sientes, lo que hueles, a lo que imaginas: el aire frío que sensibiliza tu nariz y dificulta el respirar, cuando aparecen intersticios que llegan a crear cartografías que vinculan el olor con el espacio. En esquinas, calles, en las casas. En los parques, en la plaza, en la discoteca (boliche).






Recuerdo Cartagena, lugar enigmático y estático, que combina muchos olores, podría decir que, entre otras circunstancias, aquellos distintos olores hacen elevar el carácter interesante ó atractivo de la ciudad. Huele a mucho, a variado ó a diverso. Es casi un mundo encerrado en un perímetro que, mayormente, lo cubre cuerpos de agua. Recorrer-la es toda una travesía olfativa, sensitiva, que transforma cada escenario. Llegue a oler, en otra ciudad, algún instante de Cartagena, asimismo encontré en Cartagena, otras ciudades. De alguna manera todo se mezcla, las analogías son inevitables, ó será inevitable la conexión de los lugares? Ó será inevitable la fluctuante realidad nuestra que cambia a medida que sentimos? ó que, tan simplemente, cambia a medida que avanzamos?


fotos: mao | sitios: Cartagena, Co - Buenos Aires y Córdoba, Ar

4.08.2009

Trazas Espontáneas


Llegué a través del mar a esa tierra aislada, que navega sola sobre su propio destino. Una isla parcelada por el tiempo que acarreaban batallas, imposiciones, esclavitud, etnia y, desafortunamente, descuido y pobreza. Sin embargo, cobijada dentro de una alegría ingente, que superaba aquellos miedos retoñados desde sus ancestros en África, quienes lucharon contra el yugo. En esa tierra, aún húmeda por los vestigios de la historia, me posé, y caminando estuve en la calle que no era calle, en realidad, era una terraza que hacía parte de un patio donde la familia departía con los vecinos. Era la antesala a la cocina y a la sala; también, se convertía en la puerta de entrada y el tendedero de ropas; llegaba a ser un espacio de muchas posibilidades.



Hacían ‘sancocho’ y tomaban cerveza, dentro de una atmósfera musical que evocaba sus ancestros: aquellas fuertes raíces africanas; y bailaban. En un momento, caminé hacia la casa: una delicada estructura en madera que albergaba el amor, los deseos y anhelos de quienes las habitaban, quizá la de sus vecinos, también; todo era como una gran familia, viviendo en una gran casa horadada por caminos cual hormiguero, descubierto en conexión al cielo, a la tierra, al océano y a todos los sentidos de quienes la experimentaban. Vi como la topografía con sus líneas, dibujo puentes donde la extensa casa acumulaba nudos, cual nidos habitables. Del territorio emergía un desenvolvimiento involuntario, lleno de azar y de ingenuidad que esculpió aquella porción de tierra que flota en el mar, definiendo un trazado sin estipular. Definiendo aspectos intrínsecos de su comunidad, hoy decaída por la demagogia y la ignorancia, desabrigada de sus costumbres… invadida y sometida por el colonizador, que a pesar de todo, no ha logrado deshilar el tejido que enraíza la costa, el mar, la tierra y la sangre negra, característica de la población de Bocachica.


2.08.2009

vano

No hubo insatisfacción en su deseo /Él se abrió y sin medir su amplitud /tomó la forma que quiso; /modificó la esencia del derredor. /No replicó. /La abertura se construyó sobre el espacio, /horadó el tiempo /exponiendo un nuevo lado; /un marco que revelaba /ese paisaje de instantes en movimiento /con constantes transiciones e intercambios. / Alteraba el recorrido de la luz /y gestaba un disimil proceder de la oscuridad.


foto: miguel cifuentes /exuma, bahamas

10.16.2008

distintas miradas - distintos entendimientos



Este fragmento de dibujo, emano de una cartografía -en este momento irrelevante especificar- que empujaba un proceso de indagación espacial. Mientras las ideas iban dando lugar a distintos ensayos espaciales y materiales, estimulados por letras y dibujos -referencias-, alguien (un arquitecto) expresó con ufana elocuencia su preocupación por "lo complicado ó rebuscado del pasillito" que se mostraba el dibujo.

(...)

Ese comentario me dejo pensando un buen momento [ese instante en donde se buscan preguntas a las preguntas. Ó ese mismo momento el cual, quizá, se refiera mi querida amiga Bureu].

(...)

Reflexione, no por el pasillo, sino por la mirada tan "plantigrada", tan exígua, incluso, insípida de aquel colega, que manifestando su puntual apreciación, me mostraba la fuerte golpiza propinada por el oficio.
Mi explicación, tal vez -lo mas seguro- disociada a su terranalidad racional no fue la respuesta mas acertada que el pudiera obtener de su comentario. Lo que si le hice notar fue que este dibujo, no era una planta. Aunque pudiera llegarlo a ser, asimismo como ser un sección ó tan sencillamente, el detalle de como se ancla un elemento sobre otro.

Con angustia me di cuenta que, en ocasiones, nos posamos en atriles endebles apoyados en terrenos fangosos, los cuales no dejan ni acomodarnos, ni avanzar. Solo nos hacen complicarnos y tambalear -con la cabeza en alto- cuando el vecino irremediablemente se hunde.

estratos


foto: mao (con blackberry del amigo Cedeño)/Tocumen airport.

Andaban uno sobre otro -o uno debajo del otro-
se apoyaban?
se mezclaban?
se enriquecian? -alimentaban-
se transferían?

Se colocaban, casi que precisamente, yuxtapuestos
dispuestos a detonar y a articular;
a moldear nuevas circunstancias.
Y, de un modo u otro, incidir en el paisaje.

Capas, epidermis, epitelios, planos -e incluso, franjas-:
lonjas para "emparedados territoriales".

9.22.2008

soporte

Incesantemente se escuchaban las formas
que componían una melodía material
se posaban sobre hilos
y sobre franjas;
que ayudaban a llevar,

a cargar,

a equilibrar
a soportar:
es
-diría- la estrecha diferencia entre la arquitectura y la música.

Irremediablemente los cuerpos se soportaron
uno sobre el otro;
dialogaban sobre momentos
torciones
tensiones
compresiones -moviendose-.
Liberaron sus manos
dejándose desprender,
emanciparon su pensamiento
haciendose música,
olvidaron sus disyuntivas
desponjandose de su arquitectura.


foto: mao / manos: lina urzola

9.14.2008

Multi-direccionalidad: otros atajos proyectuales

[texto publicado en memorias del Diplomado de Arquitectura del Paisaje. Universidad Jorge Tadeo Lozano seccional Caribe, Cartagena. Documento completo descargar]



Muchos caminos, muchos modos pueden guiar distintas estrategias que abren alternativas para abordar un proyecto. Unos con una profundidad teórica y filosófica, otros con exhaustiva técnica y tecnología, algunos con ambas; entre otros.
Esas 'diferencias' que hoy se develan, principalmente, formal y materialmente, con dificultad se pueden designar a una corriente específica. Por ello, no se puede hablar sensatamente de estilos ó de movimientos contundentes dentro del diseño actua, como se hacía tiempo atrás: pre-definiendo ó pre-configurando la obra final desde un inicio. A pesar que en muchos casos esto aún tiene su posición dentro de la proyectación, aparece como una pre-figuración personal del diseñador -ó del cliente-, mas no como un parámetro axiomático estipulado por un gran estilo.

Actualmente, se puede ver en varias propuestas de proyectos un desenvolvimiento hacía lo alterno, a partir de las posibilidades que se dan dentro de aspectos correlacionados con su misma producción. Es de esta manera como ahora, lo evidente se inclina hacia la diversidad, en donde lo fundamental se apoya en un campo de consistencia habitado por multiplicidades: indagación, exploración, experimentación, hibridación, entre otras, propiciando una incertidumbre acerca de los resultados; una búsqueda por recorridos autónomos: cada uno con fines, características, materialidades distintas. De esta manera el crear se torna como el recorrido generado por una serie de pasos influyentes para caminar hacía una simple pausa ó bifurcación dentro de ese camino, que es el proceso

9.04.2008

Líneas


Sin enamoramientos,
ellas llegan a ser tan flexibles, tan frágiles;

decididamente fugaces y amablemente fluctuantes;
seductoras y hasta indecidible,
quieren convertirse en lo que su vocacion les dicta:
su intención; su voluntad de Ser.

8.20.2008

Hacia una mirada intrínseca del PAISAJE

[texto publicado en las memorias del taller de diseño Estructuras Alternativas del Paisaje. marzo 2008]

“Algunos dicen que hago un arte teatral. Pero se equivocan.
No es teatro, porque nunca hay en él un elemento de ficción.
Todo es realidad, todo sucede realmente”.

Christo.

Desde hace mucho tiempo, la observación ha sido ese primer conducto utilizado para la investigación de algunos fenómenos que circundan el espacio, una herramienta instintiva y curiosa con la que se puede analizar los hechos del entorno actual, que permite descubrir desde un ángulo no-avanzado características de nuestro alrededor, tanto físico como psicológico. Este conducto ahora con todo los desarrollos de la informática y la tecnología ha empezado a tener un camino que puede llegar a ser mas emocionante; siendo aun un análisis somero, no por ello deja de ser contundente.

Ahora bien, el paisaje en estos últimos años ha tomado una fortaleza ingente. Continuamente se habla de él y de su posición en el espacio urbano e, incluso, no-urbano. Notablemente todo es un paisaje, solo que la connotación de cada uno empieza a darse dependiendo de las distintas referencias que las personas pertenecientes a una comunidad le dan y las circunstancias que lo rodean. Me atrevería a decir que, asimismo como un espacio exterior “posee” paisaje, uno interior también lo tiene. Porque a partir de los distintos elementos y aspectos que contiene, establece un ambiente creando una “rasgadura” en la cognición de las personas vinculadas a él: todo es un paisaje. Teniendo en cuenta lo anterior, el entendimiento del paisaje aparece como una serie de variantes que arrastra consigo información genérica, y a la vez especifica, de los elementos que en él se hayan. En sí, su comprensión no es algo sencillo, tiene muchas particularidades: muchas miradas conducen a distintas interpretaciones y, por ende, planteamientos. Sin embargo, es importante saber que el paisaje fluctúa: se pliega y repliega, se dobla y desdobla, se abulta, se hunde, se expande y dilata; es decir se encuentra en una constante interacción.

ver ensayo completo en Gestos y Atisbos